miércoles, 6 de junio de 2012

Ciudadanía apoya trabajo comunitario que realizan jóvenes grafiteros



Moradores de los sectores afectados por los grafiteros califican como una acción positiva el que estos jóvenes tengan que reparar lo que anteriormente rayaron con aerosoles, marcadores o pinturas de colores.

Jesús Tomalá, quien a diario circula por la calle Bolivia y Av. Machala, considera que esta es una forma de aleccionarlos. “Para mí está bien, porque si les gusta rayar las paredes que entonces ellos mismos las arreglen, las pinten, porque las paredes deben estar limpias, pero ellos las ensucian con esos garabatos que se ven feos”.

Por su parte Christian Salazar, morador del sector, cree que así se corrige el vandalismo. “Me parece bien este trabajo social porque no está bien rayar las paredes, eso es vandalismo y creen que eso es bueno pero no es así; que ellos las pinten les enseña a no dañar la propiedad privada, tenemos una ciudad bonita para que ellos vengan a dañarla”.

El esfuerzo que toma corregir el daño hecho y el aprender a amar el trabajo de quienes construyen una ciudad mejor, es la lección que Josefina Macay, docente, resalta que quedará grabada en estos chicos grafiteros. “Me parece excelente la forma en que los han hecho corregir el daño que han hecho, porque esta es una forma de educarlos, de que no deben garabatear las paredes, están destruyendo un sector y eso da mala imagen. Ojalá les sirva de lección que todo daño que hacen lo tienen que reparar”.

Y es que a veces la novelería y un deseo equivocado de vivir nuevas experiencias, lleva a estos jóvenes colegiales a atentar contra la propiedad privada. Ese fue el caso de un joven de 18 años, estudiante de tercero de bachillerato, quien quiso plasmar una declaración de amor, pero en la pared de una vivienda.

Granda, al ser sorprendido in fraganti, tuvo que responsabilizarse por lo que hacía y cumplir con el trabajo comunitario de pintar por siete días las paredes de diferentes sectores de la ciudad.

El martes 5 de junio empezó esta labor que para él deja una lección. “Me dieron ganas de rayar porque mis compañeros habían garabateado algunas paredes. Pero ya sé que es prohibido hacerlo, ya aprendí que hay que cuidar a la ciudad, respetarla, amarla, no dañarla, eso es lo que haré ahora; a nadie le gustaría que dañen la ciudad y aquí es donde nací y me crié, me queda de experiencia esto”.

Este joven ahora es consciente de que quien ama a la ciudad la cuida y la mantiene limpia. Por eso aconseja a otros no caer en estos actos que cuando se traten de daños a propiedades públicas como: pasos a desniveles, parques, entre otras, se convierte en un delito que puede ser sancionado hasta con dos años de prisión.

Quienes denuncien a las personas que destruyan las propiedades privadas o públicas con rayones, grafitis, pinturas o cualquier otro tipo de acto delictivo, recibirán una recompensa de 1.000 dólares.

Sus denuncias pueden hacerlas en la Dirección de Justicia y Vigilancia del Municipio de Guayaquil, en el mezzanine del Palacio Municipal, Pasaje Arosemena o al teléfono 2599100, extensión 3058. Se guardará absoluta reserva.

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