jueves, 7 de marzo de 2013

Vehículos municipales trasladaron enseres donados a damnificados de la creciente del sábado 2 de marzo en Guayaquil

Con aplausos y vivas así fueron recibidos la tarde del miércoles 6 de marzo, Shirley Ramos Delgado y sus tres pequeños hijos, quienes llegaron a su barriada, en la Nueva Prosperina, a bordo de una camioneta municipal cargada de enseres. “Que viva el alcalde Jaime Nebot”, coreaba el vecindario como agradecimiento por la ayuda que recibió la joven mujer.

Aquella tarde, Shirley, una de las 30 familias damnificadas por la inundación que causó la fuerte lluvia del sábado 2 de marzo, recibió de manos del alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, un kit de la línea blanca que incluía cocina con tanque de gas, televisor, refrigerador, vajilla, cubiertos, juego de ollas, cama litera y dos colchones.

Los bienes recibidos fueron trasladados y resguardados minutos más tarde hasta la manzana 1057 de ese populoso hasta la casa de Rosa Delgado, la vecina que la albergó desde el momento que su endeble vivienda, de caña y madera, sucumbió ante la fuerza de la corriente del canal donde se levantaba su estructura.

Para el traslado de los enseres, el alcalde Nebot dispuso que sean los miembros de la Policía Metropolitana los custodios de aquellos bienes hasta el domicilio de cada uno de los damnificados, como en efecto se cumplió con la partida de varias camionetas desde las instalaciones del Centro Polifuncional Zumar, ubicado en el norte de Guayaquil.

Hacia ese mismo destino partió minutos más tarde, otra de las unidades en la que iba Simón Chila; Elsa Ordóñez, su esposa; y, sus hijos Melani, Sebastián, Adrián y Jazmín, otro de los beneficiados con el kit de línea blanca.

En este caso, los bienes se bajaron en casa de la mamá de Chila, ya que de su vivienda solo quedó una que otra caña. Esta también fue construida en el lecho de un canal que asegura estuvo tapado por años, criterio con el que coincide Shirley Ramos a quien la naturaleza le arrastró su casa localizada en la misma manzana de la Nueva Prosperina.

“Ahora lo que esperamos nosotros es el apoyo de los vecinos”, dijo Shirley Ramos, quien se niega a recordar el terror que vivió la noche del pasado sábado, día en que con la lluvia, acompañada de truenos y relámpagos, aumentó el nivel de las aguas y la creciente arrastró su endeble construcción de caña, donde perdió todas sus pertenencias.



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